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De Salto a Montevideo, relatos de los que se curaron del coronavirus

Hasta anoche, el Sistema Nacional de Emergencia informó que 93 pacientes contagiados con el COVID-19 se habían recuperado. El País recogió varios testimonios de los propios infectados.

Hace unas cuantas semanas que el doctor Óscar Mendoza venía leyendo sobre el COVID-19. No es epidemiólogo, pero era un tema que le atraía y sobre todo le preocupaba por ser un virus con gran capacidad de contagio. “Me preocupaba su alta resistencia”, dice a El País desde su casa en Salto, donde ya pasó por la cuarentena reglamentaria. Mendoza es un médico de larga trayectoria en ese departamento y allí hizo de todo: hoy trabaja en una policlínica, pero fue médico rural seis años en Colonia Lavalleja, un alejado paraje allá en el norte del departamento, casi en el límite con Artigas, donde atendía situaciones tan diferentes como un parto, una puñalada o un lío entre vecinos. “Soy un médico de trinchera”, avisa.

Por eso, cuando el miércoles 11 de marzo le dijeron que había dos mujeres llegadas de Milán, Italia, que querían hacer una consulta médica, él se preparó. Sabía que esa era una zona con alta circulación del virus y tenía claro a lo que podía enfrentarse.

Aquel miércoles atendió a Marta, de 57 años, y su hija Carolina de 35 (sus nombres fueron modificados para preservar su identidad). Dos días después se confirmaría que ellas tenían coronavirus. Hoy ya están recuperadas: son dos de los 86 pacientes curados hasta el viernes 3 según los registros oficiales. La única forma segura de saber que alguien se curó es realizarle un test y que dé negativo. La otra opción es esperar 14 días desde que se acabaron los síntomas, según explicó el ministro Daniel Salinas en conferencia de prensa.

Marta y Carolina no presentaban algunos de los clásicos síntomas del COVID-19, como fiebre y tos persistente. La madre sí estaba con fatiga, tenía una leve disnea (ahogo) y dolor de garganta. La hija había tenido un cuadro viral y le quedaba una fuerte secreción nasal, además de una pérdida del olfato y el gusto. “Yo sabía que a veces el virus se presenta de maneras poco frecuentes, según el estado inmunológico, y este era el caso”, cuenta Mendoza.

Ellas habían llegado a Montevideo el 6 de marzo y, tras visitar a algunos familiares en el sur del país, tomaron un ómnibus a Salto, donde viven. Aquel día el doctor Mendoza se puso un tapabocas y las atendió en una zona alejada del resto de los pacientes. Pidió una máscara N95 y estuvo cuatro horas con ellas. “Había que establecer la ruta epidemiológica, esa era la clave. Esto es, todos los contactos que habían tenido en cada lugar por el que habían pasado los días previos”, explica el doctor.

Después hizo lo que se le denomina llamada cero: “Miren que tengo dos casos con sospecha clínica fundamentada”. En ese entonces no había un solo caso confirmado de COVID-19.

Él mismo hizo el hisopado a las dos pacientes (una muestra en la nariz y otra en la boca) y en ese momento tuvo que ponerse una sobretúnica y las antiparras correspondientes. El resultado positivo se confirmó dos días después, el viernes 13.

Mendoza se aisló de inmediato dos semanas. Las dos mujeres, en tanto, evolucionaron bien en sus casas. Ya están curadas y recuperadas, según confirmó el Poder Ejecutivo.

Otro de los primeros casos fue el del exsenador Pedro Bordaberry, que adquirió gran relevancia por tratarse de una figura conocida y fue dado de alta el jueves pasado. También el de Fernando Castiñeira, un hombre de 40 años que es dueño de una pequeña empresa del rubro seguridad. Su historia se hizo pública porque fue a hacer la cuarentena a Punta del Diablo y lo denunciaron por ello.

“Estoy agotado de tanto problema”, dice Castiñeira desde la casa de su padre en Colón (al edificio donde vive no ha regresado por la tensa situación que se había planteado cuando se confirmó su contagio). Su historia arranca el sábado 7 de marzo en el ya famoso casamiento carrasquense en la Sociedad Criolla Elías Regules, ese al que fue al menos una persona que tenía coronavirus, Carmela Hontou. Él estaba en la puerta cumpliendo tareas de seguridad. Una semana después, el sábado 14, se enteró que en esa fiesta se habían producido contagios y llamó a la mutualista, aunque no tenía síntomas, solo un leve malestar o carraspera en la garganta.

Muestras sospechosas de coronavirus. Foto: AFP

El lunes 16 le hicieron el hisopado y desde allí estuvo siempre en su casa, sin saber si el resultado había dado positivo. El viernes decidió irse a Punta del Diablo pero antes consultó a su doctora, que le dijo que era lo “mejor” que podía hacer porque iba a estar “lejos de la gente”. Pero esa noche, ya en el balneario, lo llamaron de Salud Pública para confirmarle que era positivo. La noticia trascendió en el balneario (él dice que alguien de su complejo de viviendas en Montevideo llamó a avisar allá) y la fiscalía lo intimó a que fijara domicilio en Punta del Diablo. El miércoles 22 su doctora le dio el alta y unos días después le quisieron incendiar la casa. En una entrevista en Océano FM, contó que los únicos que estuvieron cerca fueron efectivos de la Guardia Republicana, que cada día paraban a preguntarle si necesitaba algo, pero que muchos pasaban a gritarle cosas como “fuera bicho”.

Test para identificar si se tiene coronavirus COVID-19. Foto: Reuters

Hoy asegura que la discriminación que sintió en Punta del Diablo y Montevideo “fue horrible, hasta hoy dado de alta”. Y asegura: “Parecía leproso”. Otro caso es el de Marcos (su nombre no es real). A él le empezó a doler mucho la cabeza hace casi dos semanas. Unos días antes había tenido molestia en la garganta. Hizo fiebre que no le bajaba. También tos, mucha tos seca, y mocos. Sintió el “pecho pesado”, aunque no llegó a una falta de aire.

Todo le llamó la atención porque es una persona que no suele enfermarse. Se comunicó con la mutualista y le dijeron que era muy posible que tuviera coronavirus. Pero no le iban a hacer el test porque le explicaron que lo reservaban para casos graves y médicos u otros trabajos imprescindibles. No era su caso. “Quedate en tu casa, no importa si lo tenés o no. Vos hacé de cuenta que sí”, le dijo la doctora. Marcos ya está bien y todavía no entiende por qué no le hicieron el test. Y se pregunta: “¿Cuánta gente habrá como yo que seguramente lo tuvo y no está contada?”

Recuperados Fernando Castiñeira estuvo en el ya famoso casamiento de Carrasco, trabajando como encargado de seguridad. A los días se enteró que había varios contagiados en esa fiesta, se hizo el test y le dio positivo, aunque tenía muy pocos síntomas. Pero su caso se convirtió en público cuando fue a pasar la cuarentena a Punta del Diablo. Él dice que lo “escracharon” en redes sociales y que incluso lo discriminaron en el complejo de edificios donde vive en Montevideo. Muy distinta es la historia del exsenador colorado Pedro Bordaberry, quien no sabe dónde se contagió. A él tuvieron que internarlo varios días para estabilizarlo. Hoy está completamente recuperado: el jueves pasado su médico le dio el alta y el dirigente lo contó en su cuenta de Twitter.


FUENTE:EP

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